|
Conociendo las Cartas del Tarot
0.- EL LOCO o EL DISCÍPULO:
El discípulo inició su camino, solo, en el momento en
que comenzaba sobre el planeta un eclipse he sol. Por el camino algunos
lo llamaban loco: hechiceros y perros intentaron hacerle cambiar del
camino para que cayera en un precipicio sin retorno En una mano llevaba
el símbolo de la orden que había iniciado: una rosa de
color blanco, sobre los hombros apoyaba una vara con un doble equipaje
en su mano izquierda: en el equipaje de atrás guardaba signos
claves para no detenerse ni equivocarse de camino, en el de adelante
llevaba sabiduría, sobre su cabeza se veía un círculo
y una cruz en el centro, el signo del planeta donde debía conquistar
la vieja serpiente. El Loco no era el Loco, era un discípulo
en camino, llamado loco por las personas que no tenian valor de emprender
la búsqueda alquímica del conocimiento.
1.- EL MAGO o EL APRENDIZ
A una Determinada altura del camino, el discípulo
ya no era llamado loco. Por las cosas que hacia, le pusieron el apodo
de mago, pero seguía siendo discípulo a través
de cuatro elementos. Cuando se presentaba a la gente, lo hacía
como un hombre libre con el signo infinito sobre su cabeza: en su mano
derecha la vara de poder y en la mano izquierda la de lo alto hacia
los materiales. Los cuatro elementos estaban simbolizados adelante
de él sobre
la piedra cúbica por el ibis sagrado: el pentáculo dorado
extraído de la tierra, la copa rebosante de agua primitiva,
el fuego inextinguible con la espada curva delimitando el aire y las
heridas.
2.- LA SACERDOTISA o ISIS con VELO
El discípulo sabía,
que antes de ser maestro, debía
vencer las siete tentaciones. Su primera tentación fue la sacerdotisa,
que se le apareció cubierta de un velo negro y su deseo fue
conquistarla y levantar el velo para mirarla, porque en ella averiguaba
la matriz virgen de todas las cosas y el himen puro de la sabiduría
que andaba buscando. Bien dio el primer paso, vio que la sacerdotisa
llevaba sobre su cabeza tu tiara de triple círculo, símbolo
de la trinidad superior conquistada, que defendían su vuelo
los signos zodiacales de Virgo y la Luna que llevaba escrita en sus
manos la ley cósmica de causa y efecto y que en su pecho estaba
grabado el símbolo de la unión fecunda del arriba y el
abajo. Parado, contempló a la sacerdotisa vestida de blanco,
oculto su brazo derecho por un manto azul, defendida por las columnas
de los dos principios que determinaban toda polaridad y todo movimiento
dejando ver en su mano izquierda la ley y en su pecho el símbolo
de Mercurio entregado a todos los que pretendían la iniciación.
3- LA EMPERATRIZ o ISIS sin VELO
En medio de la avenida de los jardines, se encontró con una
mujer sentada sobre una piedra que llevaba dibujados cinco ojos, en
los ángulos y el centro de la cara visible. La mujer no llevaba
los ojos vendados y dejaba sus pechos al descubierto pero no se dio
vuelta para mirarle ni varió su actitud. Apoyaba sus pies sobre
una luna en cuarto creciente, su mano derecha sostenía el cetro
terminado en un círculo de expresión de su poder ilimitado
y su rango, en el dedo índice de su mano izquierda se posaba
el águila protectora de los procesos alquímicos. La mujer
revelaba el estado de fecundidad incipiente y adornaba su cuello un
aro con siete piedras preciosas y coronaban su cabeza doce estrellas.
En su frente se erguía la serpiente de la sabiduría que
atravesaba los jardines un gran río de agua que operaba la transmutación
de los campos y los animales. En ese momento apareció el símbolo
de Marte sobre la emperatriz y el discípulo supo que no debía
moverse en ninguna dirección sino sentir y esperar hasta ser
conducido dentro o fuera por sus guías invisibles.
4 - EL EMPERADOR o el PRÍNCIPE ALQUIMISTA
Al cumplirse el signo de Aries, el discípulo fue conducido a
la presencia del emperador, lo encontró con la mirada fija en
el infinito en la misma actitud que la emperatrizEl emperador estaba
sentado sobre una piedra cúbica y con la cara visible podía
verse un animal con cabeza de gato y cuerpo de pantera, guardián
del secreto del templo. En su mano izquierda sostenía una cobra
erguida y sobre ella un círculo de símbolos del poder
conquistado y ejercido, eran sus atributos dominar y transmutar los
cuatro elementos y poseía en sus manos la vida y la muerte de
sus semejantes El discípulo comprendió que ya habían
sido reunidos por el emperador el cuatro y el tres y por tanto había
descendido con el derecho de poseer el planeta y ejercer la justicia.
Sobre la cabeza se dibujó el signo de Escorpión y en
su pecho con las alas desplegadas se dejó ver, sobre un disco
dorado, el águila que indicaba la constelación de origen
y su pierna derecha formó sobre la izquierda el ángulo
de 90 grados. Así, averiguó que el emperador era el príncipe
alquimista por cuyas venas corría sangre roja, el germen venido
de las estrellas.
5 - EL HIEROFANTE o el GUÍA ALQUÍMICO
Un grupo de jóvenes iba a cruzar el umbral y entrar en el atrio
de la iniciación El Gran Hierofante había sido conducido
hasta el tercer escalón del atrio bajo un dosel de columnas
doradas rematado por el sol alado, bajo el sol se dibujaba un friso
con los siete sellos de los siete guías alquímicos correspondientes
a las siete razas y las siete generaciones. El Hierofante adornaba
su cabeza con la cobra de la sabiduría, iba revestido de un
manto rojo y una túnica dorada, sus pies se apoyaban en el suelo
señalando a Occidente y dos jóvenes coronados con el
símbolo del primer grado de la iniciación pedían
ser introducidos en los misterios de Isis. El Hierofante mostró a
los aspirantes los siete sellos, y empuñó la triple cruz
con su mano izquierda, símbolo del control y armonía
de los tres cuerpos y los tres mundos manifestados del Cosmos: la materia
el alma, el espíritu, el cuerpo físico, el cuerpo astral,
el cuerpo mental. Luego el Hierofante elevó su mano derecha
y juntando el pulgar, índice y medio, flexionó el anular
y el meñique y bendijo a cada uno según sus deseos. Pero
no les entregó las llaves del gran secreto y permanecieron cruzadas
a sus píes esperando que sobrepasaran el umbral
6 - LOS AMANTES o los DOS CAMINOS
Ya conocía el árbol de la vida y había probado
sus frutos, también sabía distinguir entre los demás árboles
y había olido sus doce flores. Era el momento en que había
sentido la presencia de la serpiente antigua enroscada en el tronco
del árbol de la vida y tanto le había costado vencer.
En el mismo camino, distinguió un hombre joven con los atributos
de un príncipe. Al atardecer, le salieron al encuentro dos princesas.
A su derecha, se colocó la mujer vestida de blanco con una sobre
toga azul y coronada por la cobra de la sabiduría. A la izquierda,
se puso la mujer vestida de negro con un collar de oro y dejaba al
descubierto sus senos, coronaba su cabeza la cobra de la sabiduría.
Sobre el príncipe estaba el disco solar de 29 rayos, 14 menores
y 14 mayores más uno y en su centro se dibujó Lucifer
disparando un arco en dirección a su cabeza. Entonces el discípulo
supo que el príncipe era él mismo y que debía
elegir entre dos caminos. Paró sus sensaciones hasta la caída
del sol y cuando vio dibujarse en el cielo los signos de Venus y Tauro
supo que debía elegir según la ley, armonizando las dos
serpientes y evitando el punto sin retorno en el camino del conocimiento.
7
- El CARRO o la ENERGÍA BIPOLAR
Cuando el discípulo eligió el
camino sintió temblar
la tierra. En su espalda apareció un carro de base cuadrada
tirado por dos esfinges: negra la del pescante derecho, blanca la del
pescante izquierdo. En el pescante aparecía el sol alado y sobre
el dosel el círculo con un punto. Cuando el carro llegó su
altura envuelto en un torbellino, una voz venida de lo alto dijo: Salta
al pescante, toma las riendas y cambia tus vestidos. En ese momento
vio sobre él signo de la tau rematado hacia arriba por una flecha.
La voz le dijo su interior: Toma en tu mano izquierda tus atributos:
el cubo, la esfera, la pirámide. No detengas el carro y acelera
la búsqueda de la sabiduría, utilizando las fuerzas que
te han sido dadas. La luna te es propicia y el sol alado está entrando
en la constelación de las grandes transmutaciones. Sobre tu
frente está ya la cobra de la sabiduría y en tu pecho
la tau soporta las dos escuadras. Mientras guiaba el carro, anheló el
momento en que el arriba y el abajo se unirían, en que la obra
concluida vendría a sus manos y el masculino y el femenino se
manifestarían a sus ojos como una unidad invisible y fecunda.
8 - LA FUERZA o EL LEÓN VENCIDO
Conduciendo, revestido de los atributos de un príncipe, tuvo
una última aparición: una princesa con túnica
bordada en oro, abría sin esfuerzo con sus manos las fauces
de un león. La princesa llevaba sobre su frente la cobra de
la sabiduría, sobre su cabeza un ánfora con el líquido
transmutado y encima el águila con las alas plegadas. Pensó:
Es la diosa de la transmutación, puedo hacerla mía esta
noche y apropiarme su secreto, pero debía conseguirlo sin detener
el carro ni utilizar su apariencia de príncipe. La visión
no le siguió y supo que acababa de vencer la última tentación.
La misma voz le hablo: Al amanecer estarás preparado para emprender
otra viaje, cambiarás s vestiduras y dejarás los vehículos
que has utilizado, al amanecer el águila y el león se
pondrán a tu lado y defenderán tu obra para el resto
de los días en este planeta, en el ánfora de tu interior
brota el agua primitiva que nunca se agota y las dos serpientes se
han unido en tu árbol. Otros estaban llamando a las puertas
del Gran Templo y él debía emprender el camino de regreso
y devolver en justicia lo que en justicia había recibido.
9 - EL ERMITAÑO o EL INICIADO
Al levantarse el sol en el horizonte, el príncipe, disfrazado
de ermitaño, se puso en pie y partió hacia donde sentía
la llamada de una nueva generación de aspirantes al conocimiento.
En su mano derecha empuñaba el bastón de su poder: una
vara en forma de tau y dos serpientes enroscadas de abajo arriba, una
negra y la otra dorada. Con su mano izquierda y llevaba la lámpara
encendida de siete rayos que lucía día y noche sin consumirse.
Era la luz que ningún viento podía apagar y ningún
salteador arrebatar porque formaba parte de la herencia del conocimiento
y estaba destinada a guiar a quienes habían invocado su nombre.
El príncipe, analizaba el camino de regreso y veía cuan
diferente era a su partida de la patria de origen. La iniciación
y tu sabiduría te habían convertido en un hombre sin
patria y las personas a su paso no le llamaban ni loco, ni mago, ni
profeta. Sólo se fijaban en su aspecto, quienes llevaban el
signo del sol en la frente y le habían pedido ayuda en silencio
interior. De regreso, alcanzado el secreto de la obra alquímica,
devolvía a los hermanos lo que había recibido, cumpliendo
en justicia la vieja ley del conocimiento: el encuentro es para el
amor, el amor para la fuerza, la fuera para la obra, la obra para los
hermanos.
10 - LA RUEDA DE LA FORTUNA o EL GRAN CAMBIO
La aparición del príncipe disfrazado marcaba un nuevo
tiempo, otro giro de la rueda de doce radios. En este giro quedaría
al descubierto lo que había estado oculto y sepultado todo cuanto
había estado patente, la vida se manifestaría en colores,
hasta entonces, desconocidos. Esta fue la primera visión que
el anciano comunicó a todos cuantos solicitaban el conocimiento:
Una rueda de doce radios se movía apoyada en un eje vertical
atacado en su base por las dos serpientes que habían sido reunidas
y dominadas por los maestros y debían serlo por los iniciados
que ahora cruzaban el umbral. El movimiento de la rueda estaba determinado
y controlado por la gran Esfinge alada con cara de mujer, alas de águila,
cuerpo delantero de león, cuerpo trasero de toro. Sobre la rueda
obraban alquímicamente Mercurio y Urano y en la aceleración
o deceleración de la rueda, por el lado derecho, una figura
de hombre con cabeza de chacal conduciendo los elementos de los planos
astrales y un hipopótamo con cabeza de cocodrilo alado, por
la izquierda intentando cambiar el giro de la rueda.
11 - LA JUSTICIA o LA LEY DEL KARMA
La segunda visión que comunicó fue la de la justicia.
Ante los ojos de los aspirantes, apareció una princesa con vestidos
de oro, coronada por la cobra de la sabiduría con los ojos vendados,
sentada sobre un trono cúbico, elevado sobre tres escalones
cuadrangulares, con una espada curva en su mano derecha y una balanza
en su mano izquierda. La princesa estaba de perfil, preparada para
presidir el juicio de cada uno y aplicar la ley del karma que les conduciría
a la muerte alquímica o les haría regresar al mundo general
del maya. Detrás de la princesa como testigos los cuatro guardianes
alquímicos de los cuatro elementos: de pie sobre el tercer escalón
un león, sobre el león la esfinge con cuerpo de toro,
detrás de la esfinge un ángel alado y sobre el ángel
una tortuga en posición de vuelo. En presencia de la princesa,
se inició el juicio en el atrio del templo. El juicio se llevaba
a cabo, colocando en una de los platillos de la balanza una pluma y
en el otro el corazón del aspirante. Sí el corazón
pesaba más que la pluma y desequilibraba la balanza, entonces,
el chacal con cuerpo de hombre lo conducía de regreso al mundo
del maya y lo dejaba sujeto a la ley común. Y al contrario,
el corazón era tan ligero de peso como una pluma, el aspirante
era conducido al atrio y admitido en la iniciación.
12 - EL AHORCADO o EL HOLOCAUSTO
El anciano transmitió a los que habían entrado en el
atrio, una visión en la que ellos mismos serían espectadores
y protagonistas. Esta visión, no es una visión, es la
imagen real de lo que le sucederá a todos los que habéis
cruzado el umbral del templo y habéis superado el juicio y aceptado
la Ley Cósmica que se aplica a todos cuantos un día recibirán
el conocimiento. Después les dejó ver un hombre suspendido
en un travesaño colocado sobre dos troncos de árbol a
los que se les habían talado sus seis ramas. El hombre joven
estaba suspendido con una cuerda por su pie izquierdo y cruzaba sobre
su pierna izquierda la derecha formando un ángulo de noventa
grados. Tenía enlazadas sus dos manos por encima de la cabeza
y dejaba caer al suelo monedas de oro transmutado. El hombre estaba
solo sometido al holocausto que había aceptado y nadie podía
acercarse a él ni arrebatar las monedas durante tres días
y tres noches consecutivas. La posición del hombre impulsaba
hacia abajo lo que había estado arriba y hacia arriba lo que
había estado abajo.
13 - LA MUERTE o LA TRANSMUTACIÓN
El hombre sabio salió para ver el atardecer, y se detuvo frente
a la mies y comprendió que las espigas estaban maduras. Entonces
hizo que los neófitos le acompañasen hasta los sembrados.
El espectro de la muerte había comenzado la siega blandiendo
la guadaña de izquierda a derecha, y de los sembrados se levantaba
en oleadas el miedo a de la mies que faltaba por segar, pero las espigas
que yacían en tierra no temían porque se habían
liberado y esperaban su preparación para una nueva sementera.
El hombre sabio se volvió a los que habían iniciado el
aprendizaje del conocimiento y les dijo: ¿Conocéis el
destino del grano de trigo? Si la espiga no se siega, si el grano de
trigo no es separado de la paja, entonces no puede ser depositado en
el surco y renacer en una espiga según la ley. Quién
pide el conocimiento lleva escrita en su carne la ley: primero morir,
luego renacer. El orden para quien solicita el acceso al gran secreto
es desear y conseguir primero ser justo, luego ser bueno y luego sabio.
Cuando entréis en el signo de Aries y el planeta Marte haga
sentir sobre vosotros la fuerza de su fuego, sabed que está próximo
el momento de la transmutación, el de vuestra muerte alquímica.
Dominad el miedo porque sobre vuestras cabezas no está solamente
la guadaña, sino el arco iris de siete colores como prueba del
pacto del arriba y el abajo y un nuevo Sol que hará renacer
virgen de la materia opaca, el cuerpo sutil de vuestros deseos purificabas
según la ley.
14 - LA TEMPLANZA o LA ALQUIMIA ESPIRITUAL
Cuando el Anciano sintió que
todos los aspirantes habían
asimilado el contenido y el amor a la muerte, los transportó a
otro lugar. En medio de un campo florecido, apareció un ángel
alado y plegó las alas en forma de ángulo recto y se
puso a caminar de norte a sur. Sobre su cabeza brillaba la llama las
transmutaciones alquímicas y en ella vivía el espíritu
del agua primitiva. El ángel llevaba el líquido en un ánfora
de oro que tenía en su mano izquierda y se puso a verterla en
un ánfora de plata que llevaba en su mano derecha. Al caminar,
el ángel desplegó unas alas que llevaba en los talones
y a su espalda apareció el signo de Mercurio, protagonista y
guardián de todos los trabajos alquímicos y sobre él,
el Sol en posición fecundadora y el signo de Escorpión
a la derecha propiciando la manipulación de los materiales.
Luego el ángel desapareció y llenó la escena el
número catorce que expresa todas las fases lunares para que
el velo de Isis fuera levantado. El catorce se fue convirtiendo en
un cinco. La visión se esfumó y los aspirantes fueran
sumidos en un sueño: el liquido que vertía el ángel
con su copa de oro en la copa de plata había rebosado y se había
convertido al caer en tierra en un gran río y los aspirantes
habían caminado hasta sus orillas y habían comenzado
a sumergirse en él para ser purificados y no tener en el futuro
necesidad de otra agua.
15 - EL DIABLO o EL GUARDIÁN DEL SECRETO
Sin salir del sueño,
a medida que los aspirantes bebían
el agua y llegaban a la otra orilla del río, asistían
a la transformación del que se les había presentado como
príncipe iniciado, ermitaño y guía, en diablo
y lucifer. El diablo y lucifer era el guardián del secreto y
tenía forma de monstruo con patas de macho cabrío, vientre
de hipopótamo, pechos de mujer y manos de hombre con alas de
murciélago y cabeza de cocodrilo. En su mano izquierda blandía
una tea encendida y a su espalda y bajo sus pies, se veía los
restos de un templo que acababa de incendiar. En la mano derecha sostenía
un cetro cuya vara era una doble tau terminada en uve y entre los lados
de la uve un círculo: atributos exclusivos de los príncipes
que tenían el poder del conocimiento. Encadenadas a una de las
piedras del templo destruido, aparecían dos figuras humanas:
un cuerpo de hombre y cabeza de macho cabrío, otra con cuerpo
de mujer y cabeza de macho cabrío. Y el monstruo tenía
sobre su cabeza la llama del espíritu alquímico y sobre él
se dibujó el signo de Sagitario. En ese instante, los aspirantes
comprendieron que el propio guía podía convertirse en
tentador, porque era, a la vez, el guardián del gran secreto
y a nadie permitiría acceder a él antes de tiempo.
16 - LA TORRE o LA SEGUNDA MUERTE
El anciano volvió a la forma física habitual, condujo
a los discípulos fuera del sueño y les sugirió una
nueva visión. En ella veían los hechos sucedidos y los
que iban a suceder pronto. En el cielo brilló un rayo que cayó en
la piedra angular de la pirámide. La piedra angular saltó y
rodó hacia el vacío causando enormes daños en
las zonas bajas del templo. Con la caída salieron despedidos
y cayeron el constructor que se había adueñado del secreto
y el sacerdote que había usurpado los poderes al príncipe
supremo del pueblo. En la caída el sacerdote y el rey perdieron
la corona, el cetro de mano y la espada. El constructor perdió el
compás, la escuadra y el rollo de papiro en que estaban escritos
los números clave del gran secreto. A los ojos de los aspirantes
se iluminó la puerta inferior de entrada que daba acceso a la
cripta de las iniciaciones. Sobre el dintel apareció el signo
de Marte y a los costados los planetas Saturno y Júpiter, propiciadores
del cambio. En la cripta continuaban estudiando la ley y buscando la
sabiduría. Ellos sabían que cuando todo hubiera acabado,
deberían salir al exterior y poner la piedra angular en la cúspide
de la pirámide de nuevo.
17 - LA ESTRELLAo LA FECUNDACIÓN ALQUÍMICA
Desde que el maestro proyectó la visión del ángel,
vertiendo el agua primitiva de un ánfora en otra, habían
pasado tres días completos, el tiempo exacto para permitirles
ver la imagen complementaría. Arrodillada, con un pie en tierra
y otro en el mar, apareció una doncella desnuda, de perfil,
que portaba las mismas ánforas de oro y plata que había
utilizado el ángel. La doncella vertía del ánfora
de oro sobre la tierra y el del ánfora de plata sobre el mar.
De este modo el espíritu de la vida fecundado alquímicamente
en su interior, se expandía y fecundaba las dos matrices de
las cosa del planeta renovado. Sobre la cabeza, apareció una
estrella de ocho puntas y en su interior dos triángulos unidos
por la base, dorado y luminoso el superior, negro y opaco el inferior.
El de abajo era elevado por el de arriba, y la materia elevada hacia
el espíritu de la luz. Al lado derecho de la doncella se iluminaron
las siete Pléyades y por el lado izquierdo, emergiendo del mar,
brotó un tallo de oro con tres flores y sobre la flor principal
se posó una mariposa con las alas desplegadas. A ambos lados
de la estrella mayor aparecieron los signos de Géminis y el
planeta Mercurio.
18 - LA LUNA o LA SEPULTURA
Cuando la doncella terminó de verter
su líquido en el
mar y en la tierra, sobre el planeta se hizo el crepúsculo.
Y el espíritu alquímico que había derramado, fecundó y
comenzó la germinación. En el cielo apareció una
luna nueva coincidiendo con el solsticio de verano e iluminó una
de las dos pirámides que veían en la noche. Procedente
del interior de la tierra en dirección a las pirámides,
iluminado por la luna un escorpión hacía su camino. Dos
perros sentados, con cabeza de chacal, montaban guardia al lado de
las pirámides. El de la pirámide iluminada era negro
y blanco el de la pirámide negra. Cada uno conducía el
proceso alquímico de la pirámide respectiva y guiaba
los cuerpos hacia su propio destino: la muerte el de la pirámide
negra, el renacimiento el de la pirámide iluminada. El proceso
debía terminar antes de que el sol iluminara la piedra angular
del templo en la ciudad dorada En ese momento la luna terminaría
su recorrido y la cripta debería ser abierta y revelar su secreto.
19 - EL SOL o EL ALUMBRAMIENTO
Al día siguiente alumbró un
sol sobre las cabezas de los iniciados y tenía veintinueve rayos,
catorce mayores y catorce menores más un rayo que unía
cielo y tierra. En el símbolo
del sol se manifestaba la clave de la procreación. En la tierra
florecieron en forma circular 21 flores blancas y dos príncipes,
hombre y mujer, entrando dentro del círculo tomados por la mano.
El príncipe vestido con túnica blanca y bordada en el
pecho con hilo de oro un águila con alas desplegadas. La princesa
con túnica azul y a la altura del pecho, bordada en oro, la
cruz ansada. Bajo la influencia del Sol y de Júpiter y obrando
astrológicamente Piscis y Leo, el Sol hizo germinar y alumbrar
los campos. Los dos príncipes entraron en comunión y
en sus mentes se hizo la luz, alimentada por las dos serpientes reunidas.
Era un día nuevo primer día de la nueva raza sobre la
tierra del nuevo reino. Día preanunciado y profetizado desde
milenios para el que habían sido guiados, iniciados y guardados
los portadores de la semilla y sus receptáculos, por fin unidos
en el círculo alquímico, alumbrado en las mismas coordenadas
de tiempo y espacio, según estaba escrito.
20 - EL JUICIO o LA REENCARNACIÓN
Una de las últimas lecciones
y visiones del anciano hizo aprender y guardar en su corazón
de cada discípulo el juicio y
el retorno a la materia. En el universo un ángel hizo sonar
su trompeta de oro y se oyó en los cuatro ángulos del
mundo que había sido juzgado. El ángel se cubría
el cuerpo con alas de oro y llevaba una llama encendida sobre su cabeza.
En el lugar de las tumbas sagradas un sarcófago se iluminó y
tres momias: un varón, una mujer y un niño, se levantaron,
despertando de su sueño al toque de la trompeta y regresaron
a la materia y a la experiencia del mundo de los vivos. El sarcófago
tenía en el lateral visible siete columnas de inscripciones,
cada una de ellas correspondientes a las siete generaciones a las siete
razas del planeta. En la columna número cuatro, aparecía
el escarabajo dorado, símbolo de la iniciación y la reencarnación
un sol alado, el sol naciente, cubría con sus alas las siete
columnas. En el lateral izquierdo de la tumba, montaba guardia un Anubis
con cabeza de chacal, testigo de todo juicio y todo viaje de retorno
desde el mundo de las sombras al mundo del maya.
21 - EL MUNDO o LA TIERRA PROMETIDA
En la última visión, el anciano se puso al frente de
los de la iniciación. Primero tomo el aspecto de ermitaño,
luego en hierofante, en mago y, finalmente tomó forma de un
discípulo, como ellos mismos. Les dijo en un idioma sin palabras:
Esta será la última visión antes de mí partida,
espero que comprendáis lo que debéis hacer porque en
adelante seréis dispersados y quedaréis solos en el camino
a merced de vuestra sabiduría, vuestra fuerza y los cuatro elementos.
Apareció en los cielos una corona de doce rosas con tres capullos
cada una. Las flores hacían renacer la rueda de la fortuna y
se iniciaba un nuevo giro presidido por los cuatro elementos: tierra,
fuego, agua y aire. Y los elementos estaban protegidos según
la ley, por un ángel en el signo de Acuario, por un águila
en el signo de Escorpión, por un toro en el signo de Tauro,
por un león en el signo de Leo. En medio de la corona de flores,
una paloma con alas desplegadas remontó el vuelo verticalmente.
Era la paloma de Noé que anunciaba una nueva era. Completó la
escena una mujer de rodillas tocando una lira de tres cuerdas. El armazón
de la lira se apoyaba en una cabeza tallada en forma de esfinge. La
cobra de la sabiduría soportaba los símbolos de los dos
cuerpos. En los cielos se iluminó el signo del Sol fecundado
y los discípulos fueron enviados a los cuatro ángulos
del nuevo mundo para obrar y repartir lo que habían recibido
entre los nuevos herederos de la Tierra Prometida.
|